martes, 8 de marzo de 2011

Te extraño...

Te extraño cuando aparecen las cucarachas en el baño. Te extraño cuando persigo a las polillas por la sala. Extraño la baladita de Luis Miguel que sonaba antes que contestes el celular. Extraño cuando escribías furibunda los mensajes de texto a mis enemigos públicos y cuando negociabas mi precio con mis clientes. Extraño los viernes. Pero más extraño los domingos por las tardes, en el sofá. Extraño salir de las salas del cine poco antes que se termine la película para alcanzar entrar a otra sala sin pagar. Extraño comprar dos boletos para el cine. Extraño que me obligues a comprar ropa y a cortarme el cabello. Extraño que me enseñes las imposibles diferencias entre los colores: el rojo bermejo y el rojo inglés, el amarillo tierra y el anaranjado mojado. Extraño que te burles de mi presumible daltonismo. Extraño que me regales libros originales, pero más extraño leer libros originales que tú me hayas regalado. Extraño que leas excitada lo que escribo y que termines gimoteando porque sentías que relataba los eventos más oscuros de nuestra historia. Pero más extraño cuando reparabas los manuscritos con cinta adhesiva que rompía rabioso y, creyéndolos inservibles y horrorosos, los aventaba al tacho de basura. Extraño escribir en tu piel, sobre tus hombros, en tu espalda, algunos versos de Neruda y Bécquer.
Te extraño cuando anochece. Te extraño cuando anochece y reparo que no hay nadie que prenda los focos. Extraño cuando comías contenta mi causa rellena, y cuando le echabas sal y limón a las ensaladas. Extraño la sal y el limón en la sopa. Pero más extraño el pollo frito, tu especialidad, con arroz y papas fritas. Extraño el zumo de uva que traías de la universidad.
Te extraño cuando no sale agua de los caños, cuando me cortan la luz, cuando me cobran la renta, y caigo en la cuenta que soy demasiado inútil para vivir solo. Extraño que pelees por el pasaje en los autobuses, y que increpes a los cobradores diciéndoles, según tú, unas cuantas sus verdades. Extraño que digas “china” cuando te refieres a cincuenta céntimos o “luca” al nuevo sol. Y cuando apostamos cinco soles cada vez que juega Alianza Lima. Extraño cuando no me pagabas con dinero.
Te extraño cuando me hablan en inglés por el Skype y, en la desesperación, atino a decir: Could you please repeat slowly? Extraño que cantes en inglés, que hables spanglish. Extraño que me grites cada vez que me equivoco, porque después te arrepientes y compramos algo para engordar. Extraño engordar con pizza, con anticuchos. Pero más extraño comprar caramelitos y que me los pases chupados en un beso. Te extraño cuando tengo ganas de discutir, cuando me tratan mal y rebajan mi prosa en las mesas redondas, y cuando me mandan a volver a escribir un artículo que nunca llevará mi nombre (porque me pagan para eso, para no existir). Extraño dormir antes de las cuatro de la mañana sin tomar pastillas. Extraño tomar desayuno. Te extraño cuando leo el periódico en silencio, cuando resuelvo el crucigrama, cuando organizabas mis horas de ocio y trabajo.
Te extraño cuando, con las manos, aplastabas a las hormigas que venían a robarnos el almuerzo. Te extraño. No quiero seguir así: intentando pisar esta cucaracha del baño que no se quiere ir, que, ciertamente, es más valiente que yo.
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Anthony Yupanqui Lorenzo
Negro literario

2 comentarios:

Anónimo dijo...

MEEE ENCANTOOOOOO
Q LINDO ESCRIBES

Juan Manuel Ramos Soria dijo...

FABULOSOO!!
MARAVILLOSAMENTE BELLOOO!!
FELICIDADES!!