viernes, 4 de marzo de 2011

DOS AÑOS DESPUES

Dos años después

Dos años después, llego el momento de volverte a ver. Aquella historia que quedo en el tiempo, aquella a la cual ninguno de los dos le dio un final que hoy recordemos, ni motivos justos para terminar. Después de ese tiempo, vos con tu vida y yo la mía, la que todos conocen, Vuelvo a verte con el miedo de que aparezcan aquellas sensaciones que tenia, ese miedo que me hizo escapar de vos.

Dos años después debo armar mi maleta para llevarte aquellos papeles que debes firmar para terminar mi proyecto, dándome tu autorización. La turbación a que me digas que “no”, poniendo sobre la mesa, al lado del papel, todo tu orgullo, las ganas o las dudas de mirarte y sonreírte, como cada vez que una discusión nos atormentaba.

Las cosas hoy no son las mismas que ayer, cuando compartíamos los días, las horas, los meses. Ese tiempo puntual, ese numero del mes, ese que esperábamos festejar juntos, la fecha que nos recordaba el comienzo de nuestro amorío. Y mientras pienso en todas esas cosas que alguna vez, no hace tanto, me hicieron feliz, o quizás, me atrevo a decir que “nos hicieron felices”, un soplo del “hoy” me hace reaccionar y ahí recuerdo que a centímetros de mi, el presente duerme en mi misma cama, que es ese presente mi apoyo, con quien hago el amor, a quien le hago la cena, el almuerzo, con quien tomo mates, -que por cierto a veces le producen malestar y me pide que no caliente tanto el agua-. Ese presente es mi hombre, es mi rey, es mi motivo de ser “yo”. Pero ese presente que me motiva, que me hace convertir en alguien, no significa que no lo fuiste vos; allá, en aquel tiempo de brisa de campo, de ese sembrado donde los fines de semana me llevabas en bicicleta, como a un niño, aquellas canciones que escuchábamos mientras tomábamos gaseosa y algunas facturas que comprábamos de camino. Divido mi ser en tres partes: El pasado (que fuiste vos), ese que es necesario estudiarlo, cual historiador, para poder percatarse de ciertos fenómenos que sucederán en el futuro, que es hoy, mi presente, ese hombre, ese ser, ese espíritu, sus sentimientos. Y mi futuro, que no se como será, ni quisiera tampoco… mejor tomo el sabor de cada momento, degustando cada sensación y marcando cada huella, bien firme, aunque a veces el recuerdo del “pasado” me haga trastabillar.

Volviendo al tema por el cual empecé a escribir este montón de letras que no me significan nada, mas que una forma de desahogar el miedo que tengo por volver a ver tu cara, quizás me inunde en lágrimas o tal vez sea lo mas prudente… creo saber que sucederá: me transpiraran las manos (¡uh! Recordé aquellos días cuando te conocía, cuando solía sentir ese nerviosismo corriendo por mis venas), quizás mi mirada desorientada, como cuando solíamos discutir y no quería mirarte porque tenia mis ojos llenos de… no importa, por algo era, no recuerdo… no quiero recordar. Presiento que bajare la cabeza evitando algún contacto visual, algo que te demuestre que… nunca fuiste, que tal vez… aun eres.

“La vida sigue, la vida no se termina con el”… solo los sueños.

Alguien me reconocerá al bajar de mi auto y vendrá al abrir la puerta de tu casa para saludarme o quizás, avisarme que estás en ella y que no es lo mejor que yo este ahí. Alguien con quien he hablado horas y horas de vos, como intentando conocerte por otro lado. Alguien que estaba cuando le necesitaba. Alguien a quien nunca valoraste como persona ni como el vínculo que existe entre ustedes.
Entraré. Vos en tu habitación, aislado del resto, quizás porque “nunca te entendieron”. Una voz pronunciara tu nombre al cual responderás con un grito de “¡¿qué?!”. Abrirás esa puerta que divide tu mundo del real y levantaras tu mirada. “¿Qué hace él acá?”, preguntarás. Yo te mirare, con un poco de trémulo tartamudeare algunas palabras sin sentido tratando de explicar el motivo de mi visita. Te quedaras a una distancia importante de mi posición. El resto de la gente se alejara, se ira a otro lado donde puedan dejarnos solos para hablar. 

Se que detrás de tu mirada llena de odio, de rencor, vestido con tu orgullo, tu engreimiento… aún sientes algo por mi.
Me sonreirás repentinamente. No entenderé si es una reacción burlesca o solo tienes la necesidad de hacerlo.
Firmaras los papeles que necesito. Te diré “gracias” y apuntare hacia la puerta para irme. 


Y algo se convierte realidad…


Estoy a punto de abrir la puerta. Me pones tu mano delante, impidiendo que lo haga. “¿Qué pasó?” pregunto con un poco de temor a tu respuesta. “Hablemos” me pides con un tono punzante a mis emociones. No fui preparado para ello, solo iba a que me hagas un garabato en un papel, autorizándome a contar nuestra historia. Te digo que estoy con muy poco tiempo, es mas, atrasado con mis cosas, que debo regresar a mi ciudad y que estoy llegando tarde. Me pides solo unos minutos y… acepto. 

Me conduces a tu habitación, lugar donde podríamos conversar tranquilos. Paso al cuarto, detrás de mí cierras la puerta. Me tomas del brazo, de un modo grosero. Me doy vuelta y me sonríes. La comisura de tus labios se ensancha y te acercas a mi rostro. Suelto mi brazo de tu mano que lo aprieta muy fuerte y te pongo mi otra mano sobre tu pecho intentando quitarte de encima, con un poco de miedo. Me agarras ambos brazos, los quitas de adelante y me intentas besar. Corro mis labios a un costado y te pregunto “¡¿Qué haces?!”, a lo que respondes con una mueca, sin respuesta, a otra vez besarme. Me acaricias el rostro, el pelo. Me besas apasionadamente. Te beso desenfrenadamente, mas allá de que no debía hacerlo por respeto a quien estaba conmigo, por respeto a mi mismo.

Me vuelven ciertos momentos a la memoria, momentos donde estábamos solo vos y yo, nadie mas. Momento donde prometíamos ilusiones, donde sentíamos algo que nos hacia únicos, que… ¡¿Qué dijiste?! “¡Pará!, ¿vos me estas tomando el pelo? ¿Estás jugando conmigo?” ¿Cómo pudo decirme que “aún me ama”? 

Al mirarlo de frente, al retirar mis labios, levanto su rostro para que me conteste, sus ojos estaban colorados, sus pupilas nubladas, y sus labios temblando. Conocía aquel momento. Al levantar mi ceja, -del modo que lo hago cuando no entiendo algo- una lagrima empieza a recorrer su mejilla, una lagrima que me deja enmudecido. 

¿Dónde quedó su enojo, su furia, su hombría? En ese momento era ese “pasado” que alguna vez había conocido. Era ese ser con sentimientos, con miedos, enojos, alegrías y tristezas. Era ese ser que tenia alma, no que las robaba. Era ese hombre frágil y sus lágrimas duras como el acero. Era a quien yo amé alguna vez, a quien nunca pude olvidar.
Me pidió un abrazo. Sentí su pecho contra el mío y mi corazón latía sin cesar, como pidiendo una explicación, porque al igual que yo -seguro- estaba confundido.
Le dije que me iba, que ya no podía permanecer más allí. Rogó y rogó que me quedara, solo unos minutos más, pero quise irme. Al tomar los papeles que había llevado para que el me firmara, los cuales había dejado encima de la cama, decido salir. 

Una lágrima cae sobre las hojas, como respondiendo a su duda que minutos antes me había planteado: si alguna vez le deje de amar. Esa lagrima queda en el puño de mi pulóver. Le doy un beso en la mejilla y salgo. Abro la puerta de calle y voy a mi auto. Subo. Una vez ahí, arranco de modo urgente y parto. Una cuadra más allá, de la casa de él, paro a una orilla sin quitar la marcha.

Llore… lloraba… lloro.

Dos minutos más tarde subo a la autopista que me llevaba de regreso a mi ciudad. En mi auto, su perfume en mi ropa, sus besos en mis labios, su tacto en mi piel.

Deje aun, sin cerrar ese capitulo. Deje ese libro sin terminar.
¿Alguien me puede despertar en un rato?

Me llevo el recuerdo de ese ser… aunque sean… dos años después.



Copyright © 2010 Juan Manuel Ramos - MCN: BHDDM-TV8NU-RSFRC





viernes, 18 de febrero de 2011

Espejos

Me desperté y comprobé, de nuevo, que no dormía en mi cama sino en un sillón. Eran las seis de la mañana, a esa hora todos duermen; menos yo. Por eso, en lo posible, intentaba no hacer ruido. Todas las mañanas me sentía como un fantasma (un fantasma bueno que no quería espantar a nadie) mientras caminaba de puntillas hacia el baño.
En el baño me esperaban los espejos. Malvados espejos, sacaban a relucir lo peor de mí. Como aún no terminaba de despertar, me eché agua en la cara. Intenté no volver a mirarme para no deprimirme, pero era imposible a juzgar por la cantidad de espejos que había en el baño.
Tenía que ducharme, aprovechar el tiempo cuando todos descansan sepultados en sus sábanas, para quitar mis malos olores, asearme y, más que nada, fingir ante mis amigos que soy limpio y ordenado y que hicieron bien en alojarme en su salita por dos semanitas.
Me saqué el polo. Me bajé el pantalón. Volví a mirarme y el espejo me devolvió una imagen que intenté olvidar. Fracasé, la recuerdo todavía. Me saqué el bóxer. Permanecí íntegramente desnudo frente al espejo, me ruboriza saber que me estaba exponiendo ante mí mismo y presidiendo un juicio perdido. El espejo de atrás me enseñaba mi trasero, había que depilarlo.
¡No!, me susurré ofuscado por una creciente impotencia. Estos espejos odiosos no iban a vejarme de nuevo.
Me puse en cuclillas e hice más de cincuenta ranas. Luego treinta lagartijas. Sudaba, mi cuerpo se llenaba de gotitas saladas que resbalaban por mi piel sin dirección. Era inaudito, inconcebible: mi imagen en los espejos se iba restaurando, poco a poco, como arreglada en Photoshop. Mis músculos comenzaron a asomarse tímidamente y me jalé los pelos del trasero con las manos.
Lavé mi rostro con jabón y mis cabellos los acomodé como pude. ¿Era yo? Un narcisismo asolapado se manifestó. No era tan feo que digamos.
No recuerdo en qué momento olvidé tomar la ducha para dedicarme a hacer caritas en el espejo. Jugaba con mis miradas y las infinitas posibilidades de seducción que me otorgaba el personaje del frente. ¿Era yo? Imposible, yo era un perdedor que soñaba con ser escritor (en aquel entonces trabajaba como negro literario). Me incorporé como pude, agotado, con los fluidos de mi transpiración recorriéndome. Había llegado el momento de bañarse.
Pero ya era tarde. Escuché un pequeño ruido y unos pasos lentos afuera. Unos pasos que se aproximaban. De repente, el mango de la puerta giró y sentí que mi corazón se contraía. Era Sofía que entraba somnolienta al baño, pero mi cuerpo desnudo la revivió. Intenté recibirla con mi mejor mirada –no muy seductora para que no piense que la coqueteaba– pero mis caritas se confundieron presa del nerviosismo y formaron una mueca horrorosa. Avergonzado, intentaba tensar mis músculos para no verme tan mal. Sin embargo, Sofía estaba lívida y no dejaba de mirar mi sexo erecto.
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Nota: Gracias por visitar mi blog, si es posible, podemos mantener contacto por el Facebook o el MSN a fin de poder acercarnos como comunidad. En todo caso, si les parece que vale la pena leerme, pueden seguir mi blog. Un abrazo.
¡Qué la creatividad les acompañe!

jueves, 3 de febrero de 2011

Capitulo 26 - Blood Love Story.

Olivia ya estaba cansada de buscarlos, había ido a cada rincón de la escuela, así que intento buscarlos ahora fuera de esta, estaba preocupada, más que todo por Kyle, sentía que ese chico le haría daño.
Escucho gruñidos, desgarradores gruñidos provenientes del bosque, comenzaba a sentir miedo, no se atrevía a entrar a ese lugar, pero si era Kyle y estaba en peligro, no podía dejarlo solo ahí, tenía que ir, tenía que armarse de valor y adentrarse en el bosque.
Lo hizo.
Las ramas y hojas crujían a su paso, que era apresurado y cada vez se escuchaban los gritos más cerca, cosa que la alivio, pero no del todo, cuando vio un cuerpo descendiendo, llevándose por delante ramas y hojas, cayó al suelo haciendo un ruido seco. Olivia no podía reaccionar, estaba viendo esa horrible escena, con un nudo en la garganta, el cuerpo era… era Kyle, que se levanto con dificultad y desapareció de su vista, dejando a su paso solo hojas al viento.
Ella se acerco más, el chico peleaba con él, pero tenía ahora los ojos negros como la noche, pequeñas venas sobresalían debajo de estos, era simplemente indescriptible aquella escena, quería correr, pero sus piernas le fallaban, eso no fue todo… llegó a ver el rostro de Kyle, estaba igual que el de aquel chico, con expresión peligrosa, espeluznante, colérica y violenta.
Olivia dejo escapar un gemido, lleno de sorpresa, terror y dolor, los dos chicos, voltearon por puro reflejo para encontrarse con lo que Kyle temía desde hace mucho, el miedo que ella sentía hacia él, la repugnancia y el dolor que sentía ella en ese mismo instante.
-No…- Musitó él dejando que la calma fluyera en él, para que volviera a la normalidad.
Olivia comenzó a sacudir la cabeza de un lado a otro, eufórica, sofocada.
-Esto no puede estar pasando.- Musito Olivia retrocediendo lentamente.
-Olivia…- Dijo él chico en voz alta, ella hizo un gesto de desaprobación.
-Esto no es real, dios mío…- La joven se dio la vuelta y comenzó a correr para salir del lugar lo más rápido que sus pies lo permitieran.- Dime que esto es una pesadilla.- Musito la chica sin dejar de correr, continuas veces miraba sobre su hombro, sintiendo que alguien la seguía, pero eso no la detuvo.
Las gotas comenzaron a caer del cielo y se multiplicaban a medida que Olivia avanzaba, la chica logró ver la salida del bosque, pero eso se nublo al ver una silueta obstruyéndole el paso. Kyle.
-Olivia…- La llamo él, dando un paso adelante, ella dio su mismo paso hacia atrás.
-No me toques.- Le pidió esta, bajando la cabeza.
-Déjame explicarte…
-¿Qué eres Kyle Alexandre?- Pregunto Olivia frunciendo el ceño.
El chico bajo la cabeza, buscando las palabras, no las tenía en aquel momento, estaba dolido porque ella había dicho que.
-¿Qué eres?- Volvió a preguntar ahora impaciente.
-Soy…- Respiro hondo.- Soy un vampiro.
La chica quedo paralizada, un escalofrío subió por su columna, haciéndola estremecer completamente, las gotas de agua aunque estuvieran frías, no hacían efecto en ella, estaba tan quieta como una estatua.
-Tú…- Musito la chica, botando todo el aire de sus pulmones.- ¿Cómo?- Fue más algo para sí misma.
-Es una larga historia.
-Y… yo no puedo escucharla ahora.
Kyle sintió como si hubiesen acuchillado su corazón, eran palabras duras.
-Debo irme.- Dijo la chica tomándose la falda para desaparecer de Kyle.
Él se quedo ahí… sin dejar de mirar a la nada, sin importar mojarse, la lluvia seguía cayendo sin cesar y él solo estaba ahí, dejo caer sus rodillas sobre la maleza y respiro hondo, cerrando los ojos e imaginándose que nada de esto estaba pasando, él estaba más que destrozado.
Maldito el día en que Melinda lo convirtió en vampiro, se dijo ahora resentido. Maldito el día en que la llegó a amar tanto, entregándose a ella con total pasión.
Olivia entro al baño de chicas, desparramándose en el suelo, sollozando como aquel día en que sus padres murieron, que lo peor… fue que estuvo presente.
-Esto debe ser una broma.- Sollozo tomándose la cabeza entre las manos.

Si quieres leer más sobre BLS... pasarse por mi blog: http://bloodlovestory.blogspot.com/

Atte: Emix1514 XOXO

miércoles, 26 de enero de 2011

Tears of an Angel


Todavía estas a tiempo de disfrutar de esta historia realmente bella...
Si te gusta las historias, que te hacen llorar y reír a la vez, que te emocionan.. esta es una de esas historias que no quieres que se acabe...

www.some-tears.blogspot.com

lunes, 17 de enero de 2011

Sueños...

Caminaba por la avenida del River Valley junto a Fletcher, pequeño y escurridizo. Fletcher desapareció al instante, yo ya lo había previsto. Fletcher siempre está desapareciéndose y volviendo a aparecer cuando uno menos se lo espera. De pronto, en una camioneta bajaron mis padres. Iban al Walt-Mart. Los saludé como si no me sorprendiera que estuvieran allí. Me dijeron que vinieron de compras nomás un ratito y ya se iban. ¿Se iban? ¿Pero si acaban de llegar?
Se fueron.
Fletcher, el enano escurridizo y mala leche que tengo por roomate, volvió a aparecer como un ánima. Le dije que había llegado la hora de regresar. Me dijo: Ya, pe. Mo, pe.
Mientras volvíamos, mi razón –que es la excusa que siempre doy cuando me preguntan por qué soy tan mal escritor– me obligó a comprender que estaba metido en un sueño, que mis padres no estaban viviendo en Columbus sino en Lima. Y que mamá seguramente estaría llorando por mí, y papá remordiéndose por no poder ayudarme. (Cositas de la clase media baja, tener dinero para enviar a sus hijos fuera del país, pero no poder aspirar a visitarlos.)
Desperté. Comprobé, con pena, mucha pena, que estaba durmiendo con Albert. Volví a acostarme. Esta vez soñé que me habían asaltado por la carretera rumbo a la ciudad de Lancaster. Como yo vivo fuera de la ciudad, donde se acaban las veredas y empieza la carretera, estaba obligado a caminar por un costado, temiendo, como siempre, que algún auto o camioneta me arroye o que algún xenófobo me vaya a meter un tiro en la cabeza, de pasadita. Pero nunca tengo miedo de ser asaltado. Sin embargo, percibí, como los héroes de los comics –que se leen mucho aquí–, el peligro que me rodeaba. Un joven me jaló de la casaca hasta romperla y me tiró a un costado para que ruede por el acantilado que está cerca de la carretera. Caí pero no rodé, me agarré fuertemente de los pastos secos que no fueron sepultados por la nieve. Reconocí al tipo que me violentaba, era Michael, el supervisor drogadicto de la fábrica donde trabajo. Michael parecía no reconocerme y quizás fuera mejor que siga sin hacerlo, pensé que si se daba cuenta quien soy me iba a asesinar para acallarme y no volver a la cárcel. Pero esta vez no iba a dejar que me roben así nomás. Fue sorprendente el valor –o la estupidez que, en estos casos, es lo mismo– con el que me decidí enfrentar al ex convicto de Michael. No me iba a dejar robar, llevaba doscientos dólares y era todo lo que me alumbraba. Era poco dinero pero lo único que yo tenía e iba a defenderlo hasta el final. Nos peleamos. Me pegó porque yo no sé pelear, pero le alcancé algunas patadas. En el fragor de las trompadas me reconoció y abrió los ojos entre sorprendido y asustado. “Weigther”, susurró, así me llaman en el trabajo. No respondí. Michael, todavía presa del asombro no midió mi derechazo que le acerté en el pómulo izquierdo. Lo tumbé, pero era demasiado tarde para mí, Michael había desenganchado su cuchillo de la correa. Tal vez, en ese momento, debí darle el dinero e hincarme de rodillas por su misericordia, pero no lo hice. Era mi dinero, carajo, y no me lo iban a quitar, menos un apestado americano. Me apuñaló.
Desperté. Sudaba. Conté mi sueño.
- Por fin me voy de este lugar –les comenté a mis roomates–, nos han traído al fin del mundo. Si me van a apuñalar que sea en Lima y un choro de Callao.

www.anthonyyl.blogspot.com

viernes, 14 de enero de 2011

Tears of an Angel


¿Y si el asesino que ya murió, ha vuelto a por ti? ¿Y si nadie es lo que parece, y te enamoras de un desconocido, al que en realidad lo odias? ¿Que harías si en el mundo nadie te creyera?
A cualquier persona del mundo, le pueden pasar cosas raras, pero no las que le pasa a Ani, a nadie se le aparece de la nada un asesino, no con la intención de matar sino con la de proteger...
Si Estais interesados, lean la historia... en
www.some-tears.blogspot.com

sábado, 8 de enero de 2011

Blood Love Story

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Sinopsis:
Que harías si tuvieras que volver al pueblo donde pasaste tú infancia ya que sufriste una grave perdida que podría marcar tú vida, que harías si en el camino conocieras al misterioso chico nuevo de la escuela y sintieras atraccion hacía el inmediatamente, lucharas como niñita para conseguirlo pero al final te das cuenta no es solo un capricho; y si un día te enteras que no eras como creías, que es un monstruo sadico pero igual lo quieres, quieres separarte pero entra su travieso y rebelde hermano y te acosa, al final sabes que no puedes mantenerte separada de él, pero el destino y el peligro quieren otra cosa. Blood Love Story, "Hay tantos secretos en este pequeño pueblo, que no podrías ni imaginarlo"

Haz click en la imagen y entra Ya, te sorprendera al instante.

Att: Emix1514