Si he de vivir sin ti, que sea duro y cruento la sopa fría, los zapatos rotos, o que en mitad de la opulencia se alce la rama seca de la tos, ladrándome tu nombre deformado, las vocales de la espuma, y en los dedos se me peguen las sábanas, y nada me dé paz. No aprenderé por eso a quererte mejor pero desalojado de la felicidad sabré cuanta me dabas con solamente a veces estar cerca. Esto creo entenderlo, pero me engaño: hará falta la escarcha del dintel para que el guarecido en el portal comprenda la luz del comedor, los manteles de leche, y el aroma del pan que pasa su morena mano por la hendija. Tan lejos ya de ti como un ojo del otro, de esta asumida adversidad nacerá la mirada que por fin te merezca...