Muchacho soñador que buscabas transitar una vida planeada a la perfección. Llevabas bien puesto el traje de la mesura, de la conciencia.
Muchacha tosca de pocos sueños, tambaleando en una vida poco agradecida contigo. Tenías colocado el vestido del sacrificio y los zapatos del esfuerzo.
Recuerdo haber visto sus caminos cruzados. Es más si a mi me tocaba marcar sus destinos, su encuentro no habría sido posible. Yo los conocía, eran dos seres opuestos de pensamientos y sentimientos, de recuerdos y porvenires, de formas de ver el mundo.
Algunos dioses (siempre dignados a dar la contra) decidieron enfrentarlos. Experimentaron con sus cuerpos. Sonreían ante la astucia de romper las reglas y susurraban para no ser escuchados por aquel líder, quien, sabido era, no compartía estas filosofías.
Allí estaba él con su cordura habitual, enfrentado a la despojes de pensamientos de ella. Su masculinidad lo llevaba a creer en una noche normal, plagada de un hedonismo concurrente. Enfrente, la feminidad corroboraba que se encaminaba algo libre, rebozado de alcohol y baile, como era normal a esas horas.
Una noche que dio pié a otra y luego a otra más. Prontamente el sol comenzó a ser testigos de sus habladurías, de sus miradas.. de sus besos encarnizados, casi eternos.
El tiempo empezó a trasladar un ser al interior del otro. La suerte hizo posible formar un solo pensamiento, un corazón. El era ella y ella él.

Aquellos dioses transgresores, se regocijaban con el hecho de saber que no era necesario escribir el destino, que las casualidades ya no se confundirían con las causalidades en infinitos papeles.
Los años y la grandeza de la relación, terminaron por hacer que el líder librara miles de caminos sin escribir. Cada persona comprendía un compendio de casualidades abarrotadas.
Un día observé a él caminando lejos de ella. Volteé mi cabeza y solo encontré a ella en dirección opuesta. Me sorprendí. Ya no eran lo mismo.
Los dioses teorizaban como locos, buscaban explicaciones. Nunca supieron que sucedió. Terminaron vencidos.
A veces me cruzo con él, lo encuentro casi sin vida, fantasmal. Primero le pregunto si regresaron; luego que pasó. Aún no tiene una respuesta, pero confía en el destino. Algo que no tiene. Solo es aquel experimento que divaga en el tiempo, plagado de casualidades y sin chance de encontrar la causalidad que siempre buscó.
Por lo pronto me desvela el hecho de saber que, en estos momentos, miles de seres transitan de la misma manera: Abrazados a una mísera causalidad que jamás les llegará.
Imagen: Florencia Dellavalle
Deje este texto a modo de presentación. Lo seleccione porque justo angie dejó una gran reflexión del destino.
Es un gusto enorme formar parte de esta Comunidad, que se nota, va en franco ascenso. Desde ya mis saludos cordiales a todas las personas que participan de ella.
Un abrazo.
El pirateado. (Fede)